Muchas veces me encuentro corriendo perdidamente entre miles y miles de pensamientos, con una ansiedad callada que no se ve desde fuera pero que escucho y percibo de distintas maneras. En esos momentos es inevitable que se sumen a la mesa la frustración, la dispersión, un malestar que generaliza, un cierto desgano y una catarata de reproches y juicios hacia mí misma y mi capacidad.
Lo bueno (y qué bueno!!) es que ahora puedo contarlo, porque lo veo. Hace unos años, quizás era ese mi modo automático y cotidiano, pero yo no tenía registro (aunque ahora entiendo que eso puede verse en los «resultados» que se mostraban en el afuera, muy concretamente).
Lo bueno es que cada vez que lo veo, puedo hacer algo. Y no, no siempre es fácil correrse de ahí… creo que la ansiedad, el stress, la preocupación y todo ese coctel tienen algo de adictivo y a una parte de nosotros le divierte mucho esa fiesta. Pero cada vez que logro moverme, que saboreo lo bien que se siente este otro lugar más calmo, más confiado, de mayor disfrute, más consigo ir soltando viejos estados. Como quien se anima a dejar las gaseosas por un tiempo, y poco después comprueba que ya no las necesita.

Lo bueno es que puedo contar por experiencia propia, que la consciencia de nosotros mismos también se entrena. Que aprender a escucharnos es una habilidad que se desarrolla. Que eso que pensás sobre vos todos los días sí tiene un efecto en tu vida, mucho más del que te animas a ver todavía. Que ahí donde ponés tu atención, ponés tu energía y los resultados se muestran. Y que también se aprende a reenfocar, a habitar la mirada que sabe mirar el vaso medio lleno, porque en el fondo no es más que aprender a confiar. En qué? en «eso» que encontrás cada vez que cerrás los ojos y relajas el cuerpo. En esa parte sabia tuya que espera pacientemente a que vuelvas. En esa voz interna que confía, que se animaría a gritar que todo es perfecto tal cual está pasando, si no la callaras. Esa voz que callamos a diario tapandonos de tareas, quehaceres, noticias, lecturas, videos, y muchos muchos muchos pensamientos disparados en automático que creemos, son inocentes…
«El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional» decía Buda.

Si pudieses parar un segundo el tiempo, observarte desde lejos, y volver a elegir: qué tipo de persona te gustaría ser en este mundo?

Estás creando tu vida ahora, ahora mismo. Estás creado-te a cada minuto.
Podés sufrirlo, negarte, resistirlo… o comenzar a disfrutar mucho muuuuucho el viaje. Vos elegís.
Qué vas a elegir?

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Este sábado compartimos un pequeño retiro online de 2hs orientado al desarrollo personal y al diseño de vida consciente. Dirigido especialmente a las personas que desean mejorar la relación más importante de todas: la de uno con uno mismo.
Se llama Pausar y fué creado amorosa y honestamente por el «tipo de persona» que me gustaría ser en este mundo. Si te resuena, te espero para compartir la búsqueda.

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Te sentís identificad@? Te pasa? Te leo 🙂

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